Los colombianos comenzaron a votar este domingo en una ajustada elección presidencial que decidirá si el país continúa por el camino de la negociación de paz con la guerrilla, o si redobla la ofensiva militar para acabar con un conflicto de medio siglo.
En el Zulia los principales centros están ubicados en Maracaibo, San Francisco y Cabimas. En la capital zuliana están inscritos más 18 mil ciudadanos nacidos en el vecino país. En el municipio sureño votan unos 3.500 electores, mientras que en Cabimas suman 750 en nueve meses. En Maracaibo fueron instaladas 28 mesas.
El presidente de centro derecha Juan Manuel Santos y el ex ministro Oscar Iván Zuluaga llegan cabeza a cabeza en las preferencias, según las encuestas, que los comicios más peleados en la historia reciente de Colombia. Zuluaga, considerado el delfín político del ex presidente Alvaro Uribe, ganó la primera vuelta el 25 de mayo pero no logró los votos suficientes evitar el balotaje del domingo.
Santos y Zuluaga, más a la derecha del mandatario en el espectro ideológico, han sido colegas en el gabinete de Uribe y los dos tienen propuestas económicas amigables con los mercados e ideas para reducir el desempleo y la pobreza muy similares.
Pero un abismo los separa cuando se trata del enfoque para acabar con 50 años de conflicto interno con las izquierdistas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que ha dejado más de 200.000 muertos y millones de desplazados.
Mientras Santos, de 62 años, se juega su reelección con la promesa de continuar el diálogo de paz con las FARC en Cuba para poner fin a la confrontación, Zuluaga quiere enfrentar a los rebeldes con mano dura y no hacer concesiones.
Subiendo su apuesta, Santos anunció pocos días antes de la elección que inició conversaciones exploratorias de paz con el más pequeño grupo rebelde Ejército de Liberación Nacional (ELN). «Sólo Santos puede alcanzar la paz, Zuluaga tumba el proceso. Mi voto será por el presidente», dijo Jonathan Pardo, un ingeniero de 30 años, en las fueras de su oficina en Bogotá. Pero las dudas de muchos colombianos sobre la voluntad de la guerrilla de dejar las armas mantienen a Zuluaga con muchas posibilidades de llegar al poder.
Aunque el opositor moderó su discurso para no descartar la posibilidad de negociar con la guerrilla, dijo que sólo lo haría si los rebeldes cumplen con condiciones como un cese unilateral del fuego y aceptan ir tras las rejas sin poder participar en política, todos requisitos difíciles de que sean aceptados.
«Las FARC le han hecho mucho daño y deben pagar por sus crímenes. Un gobierno de Zuluaga representa autoridad y una persecución más fuerte contra la guerrilla que permita mejorar la seguridad», dijo Argenis Maldonado, una estilista de 38 años.
Aunque están sentados a la mesa de negociaciones en La Habana desde hace más de un año y medio, las Fuerzas Armadas y las FARC siguen combatiendo en selvas y montañas colombianas. Hasta ahora las partes han logrado solo acuerdos parciales.
Y aún quedan temas ríspidos por discutir como la compensación de las víctimas y los mecanismos para acabar con el conflicto. Casi 33 millones de colombianos están habilitados para votar, después de una primera vuelta con una abstención del 60 por ciento. Las cosas el domingo no prometen ser mejores con el entusiasmo del Mundial de fútbol de Brasil, a donde decenas de miles de colombianos viajaron para seguir la campaña de su equipo después de que hacía 16 años no clasificaba al torneo.
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